Tu cerebro está enloqueciendo

El cerebro es inocente y te quiere ayudar.

¿Cómo?

Ofreciendo opciones para resolver problemas.

Si lo estás pasando mal mal real con la ansiedad, te puede proponer, “¿qué tal si te quitas de en medio?” (a mi hermano le pasó varias veces este pensamiento)

Si tu hijo de 4 meses llora como un descosido toda la noche y parte del día, ofrece la solución “¿y si lo tiras por la ventana?” (me ha pasado)

Si tienes una tensión de caballo, sugiere “¿por qué no le clavas un cuchillo a tu marido? quizás descargues y te sientas mejor”.

Si tienes sueño y te estás aburriendo en una reunión de trabajo te dice “chico, pues duérmete, o di algo absurdo que deje a todos boquiabiertos”.

Sí, parece descabellado.

Pero es que el cerebro no juzga si es adecuado, inadecuado, bueno, malo, bonito o feo.

Hace tormenta de ideas y las lanza, como un niño cándido.

Luego uno descarta esas ideas.

Pero las puede descartar de dos maneras:

1. Sin darle importancia, incluso riéndose de la ocurrencia

2. Espeluznándose por haber pensado eso, creyendo que pensar es igual a hacer, o que pensar es igual a desear.

La primera opción hace que el pensamiento no tenga fuerza y desaparezca sin más (esto es más fácil aplicarlo cuando sabes que a TODOS nos pasan este tipo de pensamientos. Si, al monje budista también le ha pasado por la cabeza matar y demás).

La segunda le da poder y multiplica la ansiedad.

Deja de creerte los pensamientos.

No tienes porqué asustarte.

Porque no quieren decir nada más que estás en un despiste momentáneo de estrés.

En experiencias de ansiedad, reconocemos que son pensamientos de baja calidad. Y como es un malentendido, ofrece opciones basadas en un malentendido.

Una vez cambias la relación con el pensar, las nubes se abren, recuerdas que el sol ahí estaba, brillando.

Un abrazo,

– Rocío