Terapia en pijama

Últimamente me entran ganas de quitarme los zapatos en consulta.

Antes era de bata blanca, me la ponía y me sentía súper profesional.

Quizás pecaba un poco de rígida y seria.

Hace 17 años, en las prácticas del Hospital, había un grupo de pacientes que me llamaban Nefertiti (una forma de llamarme «estatua»)

Pero cada vez más veo esto como un encuentro entre personas que están en el mismo barco, tratando de navegar con calma, a pesar de que pueda haber momentos de tempestad.

Quiero que las personas que vienen, pudieran estar como en casa, quitándose los zapatos, o tumbándose a la bartola (aunque tomándose en serio mis experimentos y procesos psicológicos)

Me gusta eso de la videoconferencia. Hay quien me recibe en pijama.

Porque muchos llegan aquí con el personaje.

Contándome la historia que creen que deben contarme.

Cumpliendo un papel.

Creen que voy a juzgarles (eso me dice que ellos juzgan)

Van por la vida a la defensiva.

Esperando un ataque.

Puede que no sean conscientes, pero algo les dice que en cualquier momento, el otro les va a ver, más allá de la coraza.

Hace años una colega psicóloga me contó que en una terapia de grupo todos se desnudaron y se quedaron ahí, observando.

Después comenté con otra amiga -> «en qué clase de secta estaría metida. Qué ridículo»

Ahora le veo más sentido.

El genial psicólogo Brad Blanton, autor de Honestidad Radical, cuenta que algunos de sus talleres se hacen con todo el mundo desnudo.

Mi hermanos y yo no somos de ese estilo, porque no lo consideramos necesario, pero nos hace gracia y vemos algo de valor en esa perspectiva.

Hasta que no te percibas como un ser humano, con toda su perfecta imperfección, en continua evolución y descubrimiento, que se relaciona con otros humanitos desde el mismo lugar, seguirás… 

… juzgándo-te Y juzgando-les.

Seamos antihéroes. Y dejemos a los otros ser.

Construyendo fronteras, fuertes y también flexibles.

Un abrazo,

– Rocío