El Gran Malentendido de la Ansiedad Social

Rocío Lacasa, Psicóloga Clínica

Después de 15 años ayudando a cientos de personas a transformar la ansiedad social en confianza, he llegado a una conclusión rotunda:

La ansiedad social NO es una "enfermedad" ni un "trastorno".

El problema es el siguiente:

Cuando una persona siente las piernas temblando frente a conversaciones normales del día a día… cuando mirar a los ojos supone un estallido de vergüenza interna… o cuando un simple “Hola, qué tal estás” se convierte en ganas de salir corriendo… la persona tiende a caer en un malentendido fundamental sobre sí misma.

Vive en conflicto interno, sintiendo miedo de los demás, pero deseando cambiar y conectar con ellos, pudiendo mostrarse en su mejor versión.

Deseando poder conocer gente buena e interesante… viajar… fluir en las conversaciones… responder a las llamadas con naturalidad, crecer profesionalmente, etc. 

Pero viviendo con TANTO miedo...

Así la confianza se siente inalcanzable

Muchas veces acaba renunciando al objetivo.

Porque tanta angustia física y mental le desborda. Le frustra masivamente no conseguir cambiarlo. Prueba trucos y estrategias pero siempre terminan funcionando "a medias". 

A veces se resigna y acepta que le toca vivir una vida escondida, pasando desapercibida. 

Como no hay más remedio que hablar y estar con otros, no puede evitar la angustia. Intenta relajarse, pero el nerviosismo se dispara automáticamente. Incluso se dispara días antes de ver a la persona (cosa que le confunde aún más).

Sus días están plagados de síntomas que no puede ocultar: temblor, sudoración, rubor, tartamudeo, rigidez, bloqueo…

Eso hace que tenga cada vez más y más miedo.

Hasta que termina paralizada... creyendo que está "enferma" o "trastornada". Y entonces se pregunta si algo va mal en su mente y en su cerebro. Algo médico que explique esa tortura de tensión constante sin razón justificada. Algún trauma o defecto congénito que le impida ser normal.

Pocas personas llegan a descubrir la realidad detrás de esa experiencia:


La ansiedad social es un...


Malentendido del Sistema Cuerpo<>Mente.

Los malentendidos no se "tratan" ni se “curan"

Los malentendidos se VEN y se COMPRENDEN.

Y una vez vistos y comprendidos, te puedo asegurar que la persona cambia.

Se vuelve más confiada y segura, porque ahora tiene una nueva comprensión profunda que le acompaña siempre.


Antes de explicarte el verdadero origen de la ansiedad, dime si te identificas con esta historia:

Mi especialidad en ansiedad empezó con mi hermano Íñigo.



Él vivió el mismo Malentendido de Ansiedad durante unos años. 

Uno de sus mayores miedos era la parte social.

Cuando empezó a sentirse distinto, estaba demasiado pendiente de cómo se comportaba con la gente. Constantemente controlando y auto-observando lo que decía y no decía, cómo se movía, qué iban a pensar de él, qué dirían a sus espaldas…

Cuando estaba en grupo, o charlando con una persona, su cuerpo se tensaba y no se podía concentrar. Se distraía nervioso pensando en qué decir para encajar, para resultar más interesante. Lo planeaba en su cabeza, se visualizaba diciéndolo. Pero por mucho que planeaba...

Seguía sin atreverse a expresarse naturalmente.

Sentía una nudo en el pecho y estómago. Con palpitaciones que invadían su capacidad de prestar atención a la conversación.

Temía constantemente que le vieran rojo, nervioso e inseguro.

Le surgían pensamientos donde temía la posibilidad de tartamudear, caerse, quedarse en blanco, decir algo “estúpido” y que todos se rieran de el.

Todo esto le provocaba una rabía frustrante.

¿Por qué a mi?, se preguntaba.

Si soy buena persona y no quiero hacer daño a nadie… ¿por qué me da tanto miedo una maldita conversación normal? 

Alguna vez me confesó que...

Sentía asco y odio de sí mismo.

Tanta vergüenza interna le repugnaba.

(En un rato te contará el mismo su historia de superación, más a fondo)

Sabía que necesitaba “aceptarla”, pero eso no le había funcionado realmente para sentirse seguro de sí mismo.

Tenía buenos amigos, pero muchas veces intuía que le criticaban y juzgaban. Se imaginaba siendo eliminado del grupo, y quedándose solo, sin poder hacer ningún plan. No quería que su inseguridad hiciera que sus amigos ya no quisieran ir con el.

Deseaba intensamente acercarse a otros, intimar, pero guardaba las distancias y se aseguraba de contar con aprobación incondicional antes de abrirse. Tendía a poner a prueba a los demás para darse cuenta de en quién podía confiar.

Se volvió muy bueno “calando” a la gente.

En familia se sentía más cómodo (había una supuesta aceptación incondicional), pero a veces ni eso… seguía midiendo lo que decía o no decía… evitando las reuniones siempre que podía.

Se quedaba agotado después de cada encuentro, con mucha necesidad de recargarse.

Además, tras haber experimentado un ataque de pánico, empezó a convivir con el famoso…

"miedo al MIEDO"

Un ataque de pánico puede suponer un antes y un después.

Mi hermano se quedó “traumatizado” tras esa experiencia. Nunca había llegado a ese nivel de miedo que parecía haber "roto sus límites". Era una sensación impactante de pérdida total de control.

Había momentos donde sentía que "ya no había vuelta atrás" y que lo peor estaba a punto de llegar.



Por eso, en las situaciones sociales, su miedo a los síntomas y a que se repitiera esa experiencia aterradora, delante de todo el mundo, pudiendo desmayarse, hacerse pis o algo así… se multiplicó por cien.

El MIEDO se había instalado en su vida

Y sentía que iba a ser imposible de "desinstalar".

 Antes y durante los encuentros con gente, sentía un nudo ácido y ardiente en la boca del estómago, sensación de ahogo, de presión en el pecho, de inestabilidad, sensación como si no fuera él…

¡y no desaparecían por mucho que intentara cosas!

Sentía una mezcla casi constante de miedo, rabia y frustración.

 Tenía días buenos, en los que recuperaba la ilusión, pero pronto volvía a aparecer aquella “NIEBLA” angustiante.

Hubo momentos tan paralizantes que llegó a pensar...

“Sería mejor morirme y ya está”.

Estaba tan perdido en el miedo que fantaseaba con desaparecer del mundo, para poder descansar por fin.

Ahora experimentaba la vida como una “JUNGLA OSCURA” llena de peligros y amenazas.

Se sentía raro y diferente.

Casi siempre tenso, cansado y triste.

Angustiado por estar acumulando miedos ilógicos.

Con la impresión de estar malgastando la vida, dejando pasar demasiados trenes. Con una soledad auto-impuesta que tapaba con justificaciones y mentiras que él mismo se contaba. Sin conseguir salir del bucle… ¡a pesar de estar dándolo todo!

¿Soy tímido? ¿Soy demasiado sensible? ¿Soy introvertido? ¿Cómo debo ser? ¿Por qué me pasa esto? ¿Tengo una enfermedad mental? ¿Podré cambiar?

Cuando me pidió ayuda, su sufrimiento me impactó.

A partir de ahí, mi carrera profesional se centró en especializarme a fondo en la ansiedad y el estrés. Especializarme en lo que realmente funciona y en explorar por qué las técnicas convencionales no acaban de resolver el problema.

Íñigo y yo queríamos soluciones reales y definitivas.

Incluso él mismo investigó a mi lado, devorando todo tipo de libros, cursos, terapias y conferencias. Hoy le considero con más conocimiento sobre psicología que muchos psicólogos y psiquiatras con los que he trabajado. 

Hay algo que poca gente sabe:

Millones de personas han sentido esta experiencia de ansiedad social. Esta vivencia es lo que Íñigo y yo llamamos…

La experiencia UNIVERSAL de la ansiedad.

Insisto: la ansiedad social es una experiencia universal en el humano. Mi hermano y yo hemos trabajado con cientos de personas pasando por lo mismo. Por eso te podemos asegurar que puedes cambiar, aunque PAREZCA tan propio de uno mismo.

Ahora, en la próxima página te voy a compartir:

  • Las 3 comprensiones liberadoras sobre la ansiedad social. 
  • Por qué la ansiedad es como un truco de magia... y qué hacer para disolverlo.
  • Cuál es la mejor solución para eliminar por completo la fobia social (sin estar en terapias eternas ni depender de fármacos). 

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Rocío Lacasa, Psicóloga