Querer estar donde no quieres estar

Un cliente me hablaba de su estado de tensión durante el último año.

Todos los síntomas que ya conocemos.

Una de las causas era estar donde no quería estar.

Empezó a estudiar una carrera que no le entusiasmaba, se había sentido presionado por su familia para escogerla.

Una serie de razonamientos y circunstancias hacían que pareciera, sistémicamente, la mejor opción.

Empezamos a indagar.

En realidad, no quería dejar esos estudios. Le parecía bien terminarlos. Tenía mucho pros.

Así que… se quedaba.

Pero sintiéndose tenso, insatisfecho, con sensación de vivir acorralado.

Sentado en la clase, perdido en pensamientos de qué otras opciones podría estar viviendo.

Uy, qué común.

Elegir una opción y estar todo el día dando vueltas a “debería haber elegido la otra”. En todas sus versiones escenográficas.

Estas sensaciones, que parten de un pensamiento, son muchas veces las que alimentan la ansiedad.

Personas que tienen un ataque de pánico, no por miedo a la situación, sino por sentir que están donde no quieren estar.

Sensación de querer escapar.

Comienza la “lucha” interna.

Estoy pero no estoy.

Hablo de las cosas más sencillas.

Ir de compras con tu mujer porque ha insistido, a una comida con los suegros porque toca, estar en una reunión que crees no te correspondía estar, ir a una boda que no te apetecía…

Entonces uno sobre-responsabiliza al otro y se carga de rigidez.

Como manifestando implícitamente su descontento o sensación de falta de libertad.

¿Pero quién lo sufre?

Uno mismo.

Por eso, propongo que si estás donde estás, porque TÚ lo has decidido aunque pueda parecer que no, conectes con la responsabilidad de decidir cómo quieres sentirte.

Soltar, dejar estar, aceptar…

Más adelante, quizás puedas tomar decisiones diferentes. Pero ahora, sueltas.

¿Te acuerdas de Victor Frankl, que en el campo de concentración, tomó la decisión de responsabilizarse de su actitud?

Un abrazo,

– Rocío

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