Odio a la gente

Ayer fue mi vuelta oficial al “cole”.

Jornada completa de 8 horas tras las vacaciones.

Yo no me libro de eso que, alegremente, llaman “depresión postvacacional”.

Me ha costado despertarme, incluso ligeras ganas de llorar, luego ganas más intensas, momentos de euforia, momentos de angustia, concentración pésima, dolor de cabeza…

Todo aderezado con unos 3.000 pensamientos de “qué horror”, “odio trabajar”, “odio a la gente”, “tenía que haber estudiado otra carrera”, “voy a decir que estoy enferma”, “tenía que haber empezado mañana”, “hoy ceno pizza”, etc.

¿Qué he hecho?

Nada.

Dejar que estén ahí, «molestando».

Sin analizar qué significan o dejan de significar.

No he entrado a discutirme “debería estar agradecida”, “este trabajo me gusta”, “pues lo dejo”, “¿qué me pasa?”, ¿tendré una personalidad depresiva?”. Cada vez más enredada en la mente…

No.

Sé que es lo que suele ocurrir cuando uno retoma sus rutinas y que, si no hago nada especial, pasará, cuando tenga que pasar.

A mi hermano le ha pasado igual.

¿Qué ha hecho?

Lo mismo.

Tenemos tan integradas nuestros rituales de renovación, que rápidamente volvemos a la positividad pacífica.

A veces aumentamos el supuesto problema cuando encima pretendemos no tener pensamientos y sensaciones incómodas.

En cuanto he tenido a la primera persona delante, he dejado de pensar en todo esto.

En cuanto se ha ido, he vuelto.

El problema está en identificarte con los pensamientos que surgen de manera automática.

La realidad es que no eres ningún pensamiento.

Míralos como miras cualquier película.

No eres las películas que contemplas.

Eres la pantalla.

Y la pantalla, aunque muestra ciertas imágenes, nunca toma la forma de esas imágenes.

Por cierto, hoy un cliente me ha dicho “cuando era una persona normal” (refiriéndose a antes de estar con síntomas de ansiedad). El mismo se ha reído por la cara que le he puesto.

Aquí todos somos normales.

Seres humanos normales lidiando con nuestras sombras y luces.

Deja de exigirte una paz perfecta y permanente.

Elige Fluir en PACES, vivas lo que vivas.

Abrazo,

– Rocío