No quieren que salgas de esta trampa clásica

Ayer cenaba con unas amigas del colegio y charlamos sobre temas varios.

Entre ellos, qué había sido de nuestros antiguos compañeros.

“No os lo vais a creer, me encontré a P. haciendo malabares en un semáforo. Qué pena.”

“¿Por qué pena?”, preguntaba yo.

Claramente sabía por dónde iba.

Entiendo su mapa y por supuesto lo último que voy a hacer es juzgarla por estar juzgando. De hecho, lo dijo sin pensar demasiado.

Este chico es artista y da pena a algunas personas por lo que hace.

¿Qué hace?

Arte.

Lleva el arte a la calle, da color al gris asfalto, regala sonrisas y a veces recibe unas monedas.

Ella gana un buen sueldo, tiene un buen coche, una familia maravillosa.

Es la que da las monedas de camino al trabajo.

¿Quién es más feliz?

Ni idea.

Pero no creo que la respuesta dependa de esas circunstancias externas.

Como decíamos ayer, ciertas necesidades básicas han de estar satisfechas (alimento, cobijo, protección…).

A partir de ahí, cada uno se auto-realiza como puede y quiere.

Otra comentaba que su hermana estaba teniendo crisis de ansiedad.

“No la entiendo, si lo tiene todo”.

De nuevo mi amiga, con la mejor de las intenciones.

Pero olvidando una verdad fundamental.

Recordemos que nuestro bienestar no proviene de fuera, sino de lo que uno experimenta momento a momento.

Una vez hemos cubierto lo básico, la vida únicamente funciona de dentro a fuera.

Un abrazo,

– Rocío

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