Mis fantasías durante la terapia

Esta mañana me ha pasado una cosa en consulta que me ha hecho gracia.

La cliente hablaba en un tono bajo, y de repente he tenido el impulso de subirle el volumen. 

Como de tocarle la cara y presionar un botón para oírla mejor. 

Como si estuviera viendo un video de Instagram o YouTube. 

“Tengo que reducir el consumo de redes sociales”, he pensado sonriendo. 

Y he re-conectado con la persona que tenía enfrente.

Las redes sociales. Ese mundo paralelo. Para mí no es un problema, pero para muchas personas sí. 

Otro cliente me decía ayer que «si era malo fantasear con situaciones imaginarias si éstas eran positivas». 

En su caso, imaginaba cómo resolvía conflictos del trabajo con éxito. 

Le explicaba que “lo malo” es que cuando uno usa ese mecanismo para evadirse de su realidad y eso le lleva a NO tomar acción. O a no cambiar ciertos comportamientos limitantes, ya que se calma luego mentalmente. 

Es lo que llamo la pseudo-acción. 

Una persona con pocos amigos, pero con anhelo de tenerlos, puede fantasear con hacer este plan u este otro, con que se encuentra a un amigo del pasado, un novio/a, recrea de qué hablarían, cómo sería, qué haría en la fiesta… 

Y por un rato le calma el anhelo. 

Y también le aleja de crear maneras de construir nuevas amistades. 

Pensamiento masturbatorio, lo llamamos. 

Como quien se sacia con los amigos virtuales. 

No es positivo ni negativo en sí mismo, pero sí puede estar tapando sensaciones de soledad, de impotencia, de incapacidad, que podrían nutrirse y resolverse desde otro lugar. 

Date permiso para pensar lo que sea, fantasea con lo que quieras, disfruta, y trata de ir poniendo conciencia a qué está respondiendo. 

Combínalo con tomar acción. 

Un abrazo,

– Rocío 

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