La violencia de la positividad

Toda época tiene sus enfermedades estrella.

Tuvimos la época bacterial, que termina gracias a los antibióticos. 

La época viral, que se controla gracias a la técnica inmunológica. 

Con el siglo XXI llega la época neuronal. Que parece no terminar con los antidepresivos y ansiolíticos. 

Y estas “enfermedades neuronales” no son causadas por la negatividad, sino por el exceso de positividad, como dice el filósofo Byung-Chul en su obra La Sociedad del Cansancio.

La exigencia de positividad es violenta. 

Tengo clientes que se medican para poder mantener el ritmo de trabajo. 

Clientes que se dopan para poder seguir compitiendo. 

Clientes que no comen para encajar en un perfil estético. 

Clientes que se autolesionan en casa, para poder poner buena cara en la oficina. 

Vencer o morir.

Algo no funciona. 

Y no se trata de echar balones fuera y culpar a la sociedad, sino de reflexionar sobre cómo estamos participando en su mantenimiento. 

Seguimos permitiendo que el ser humano sea concebido como una máquina de rendimiento, etiquetando las alteraciones de la media como trastornos psicológicos o defectos de carácter.

Nos ponemos exigencias que luego no cumplimos. No por falta de fuerza de voluntad o empeño, sino porque no podemos.

El cerebro racional dice sí. Los cerebros límbico y reptiliano dicen no. 

La mente extiende cheques que el cuerpo no puede pagar. 

No estoy diciendo que nadie tenga que dejar su trabajo, desafiar a su jefe, dejar de verse en forma o lanzarse a una vida contemplativa. 

Estoy diciendo que las exigencias muchas veces parten de nosotros mismos. 

Parten de una especie de leyes internas inventadas. 

Que nos da pánico soltar. 

Por una serie de malentendidos. 

Uno se siente mal. Y por estas leyes, se siente mal por sentirse mal. 

Doble sufrimiento. 

Te cuento todos los entresijos de cómo disolver estas trampas mentales en mis sistemas.

Seguimos reflexionando el lunes. 

Un abrazo,

– Rocío

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