Cómo ayudar a una persona con ansiedad

Si estás aquí es porque tu familiar o amigo está pasando una etapa de ansiedad y quieres encontrar la mejor manera de apoyarle.

Con frecuencia la persona con ansiedad se siente tan confusa y bloqueada que le cuesta encontrar soluciones. No confía en que pueda superarlo o está cansada de intentarlo sin éxito. Posiblemente ya hayas intentado ayudarle de distintas formas.

Pero a veces, el no saber cómo ayudar, desgasta las buenas intenciones y crea distancia

Guía práctica para seres queridos

He creado esta página para compartir contigo mis mejores consejos después de tratar a personas con ansiedad (y a sus familias) durante 15 años.

Todo empieza con la siguiente pregunta:

¿Cuál es la mejor manera de acompañar a una persona con ansiedad?

Esta es una de las primeras claves que comparto. 

Mejor acompañar que aconsejar. 

Me explico:

Al intentar ayudar a un ser querido, solemos usar el sentido común. Lo que quizás desconocemos es que el «sentido común» con la ansiedad, no funciona.

Muchas veces…

Lo que parece que ayuda, empeora el problema. 

Lo que parece que empeora la situación, ayuda.

Por eso, decimos cosas que a nosotros nos gustaría oír o hacemos favores que en realidad alimentan el problema. El efecto es el opuesto al que deseamos. 

¿Qué puedes hacer?

  • Escucha activa: escucha con atención y libre de juicios. Aquí, más abajo, tienes unas frases para responder desde una escucha activa y otras que suelen generar más tensión.
  • Equilibra tu ayuda: trata de mantener un equilibrio entre la firmeza y el cariño incondicional. Estás ahí para ayudarle pero no quieres sobre-protegerle ni hacerte imprescindible, ya que reforzaría su idea de debilidad o incapacidad. Puedes ayudarle o acompañarle en tareas que ahora le abruman pero no se trata de evitarle toda fuente de estrés. Ofrece tu colaboración y ve retirándola a medida que mejora. Anímale a ir afrontando retos, dando el mensaje de que pase lo que pase está bien.
  • Refuerza: anímale por sus avances y céntrate en sus logros, por mínimos que parezcan. Esto le ayudará a despertar con más facilidad sus recursos internos de confianza y relajación.
  • Equipo informado: recuerda que eres parte de su equipo vital. Participa activamente en buscar ayuda especializada, sugiriéndole opciones y ofreciendo acompañarle en alguna visita o contacto con el profesional.
  • Diagnóstico: Anímale a que visite la sección de “descubre tu tipo”, donde explico cómo saber qué tipo de ansiedad tienes y qué tratamiento es el adecuado para cada caso. 

Aquí encontrarás una serie de frases contra-producentes que alimentan la ansiedad:  

1. “Tienes que poner de tu parte” o “tienes que hacer un esfuerzo”.

Quizás hayas leído que conviene ser duro para no hacer sentir a la persona débil o victimizarle. 

Está bien encaminado. 

Lo peor que puedes hacer por una persona que está sufriendo es mirarle con cara de pena, decir “ay, pobrecito”, y hacer todo el trabajo por él.

No queremos sobre-proteger ni «inutilizar». 

La frase “tienes que” es desacertada. Lo más probable es que la persona ya esté poniendo mucho de su parte y haciendo un gran esfuerzo. 

Siente que está nadando a contracorriente, y esa corriente está ahora mismo fuera de su control. No tiene fuerzas. Hay días que la presión es insoportable. Y aún así, intenta tirar hacia adelante con todo el empeño que tiene disponible. 

A una persona con diabetes no le dices “haz un esfuerzo para bajar tus niveles de glucosa”. Cierto es que la persona puede cuidar su alimentación y hacer ejercicio, pero hay algo que, de momento, no está en su mano. 

2. “Tienes que calmarte” o “sé más positivo”.

¡¿Qué más quisiera calmarse, serenarse y pensar en positivo?! 

Ahora mismo, no puede. O no como quiere. Hay situaciones que disparan su sistema de alarma, siendo una reacción automática que aún no puede llevar al plano consciente. 

En esto de la ansiedad, cuanto más se fuerza uno a calmarse, más tensión crea. 

Las órdenes desde el cerebro racional, tipo “tranquilízate” no llegan al resto del cuerpo. Por eso, no es útil, ni que se lo diga a sí misma, ni que se lo digas tú.

Lo que ayudaría un poco más es, que si dices ese tipo de cosas, lo hagas en un tono de voz calmado, despacio, claro, con voz suave. Eso sí podrá llegarle. 

Porque si encima el “¡¡¡tranquiiiiilo!!!” se dice gritando o con tensión, la presión es contraproducente (además, en general, el “tienes que” genera tensión inconsciente).

3. “Esto no es nada, ya verás como se pasa solo”.

El estrés puntual se pasa solo, los momentos aislados de ansiedad se pasan solos, los constipados se pasan solos. Cuando ya hay gripe, es mejor intervenir. 

Tu intención puede ser quitarle hierro al asunto, lo cual está muy bien. Pero hay que llamar a cada cosa por su nombre, conectar el problema, descubrir la causa y aplicar la solución. 

Si no se ha vivido una problema grave de ansiedad, no es fácil comprenderlo. Es un malestar «invisible» que no detectan las analíticas ni las radiografías. Pero duele más, mucho más, que una pierna rota. Y alguien que se ha roto la rodilla no puede obligarse a andar, incluso a correr, como si no pasara nada. Sencillamente, se cae al suelo, por mucho que lo intente con todas sus fuerzas. 

Esta persona necesita parar y sanar. Es probable que tenga que entrenar su mente, que hacer ciertos cambios en sus hábitos, en sus relaciones y en algunas de sus decisiones, y es interesante comprender por qué

4. “Yo que tú…” o “Si fuera tú…”

Tú en su lugar estarías haciendo o habrías hecho lo mismo que él o ella. Porque tendrías su mismo pasado, su misma historia, sus mismas creencias, su mismo cuerpo, su mismo temperamento, sus mismos miedos. Desde fuera es fácil ver con claridad lo que sería correcto o conveniente hacer, pero si no lo hace es porque no puede. La empatía no es sólo ponerse en los zapatos del otro, sino ponerse en el lugar de haber andado toda la vida en ellos.

Frases útiles para acompañarle

A veces asusta preguntar, pero puede transformar vuestra relación para bien. 

  • “¿Cómo puedo ayudarte?”
  • “¿Cómo te sientes?”
  • “¿Cómo es sentir ansiedad?”
  • “¿Qué necesitas de mi?”
  • “¿Quieres que te abrace?”
  • “¿Crees que podrías hacer algo distinto?
  • “Te apoyo”
  • “Si estás así es porque llevas años queriendo ser demasiado fuerte”
  • “Vamos a ver qué podemos aprender juntos de esto”
  • “Esto es un proceso, estoy aquí para acompañarte”
  • “Te quiero”
  • No decir nada, sólo permanecer tranquilo a su lado.

Todo reforzado por un tono de voz congruente con el mensaje (me refiero a que esas frases aumentan su efectividad cuando las decimos con un tono de voz cariñoso, alegre y calmado).

Y oye…

Tú también tendrás lo tuyo, tendrás momentos en que pierdas los nervios o que no te dé la gana ayudar a nadie, que bastante tienes… 

No pasa nada. Nadie es imprescindible ni queremos fomentar dependencias. 

Sólo estamos aquí para que tengas herramientas sencillas cuando quieras estar más implicado en el proceso de recuperación de tu ser querido. 

Te animo a que le mandes este link para que comience su proceso de búsqueda:

https://www.HermanosLacasa.com/descubre