¿Cuánto deseas cambiar?

“Maestro, quiero conocer la Verdad.”

“Bien. Entonces sígueme.”

El Maestro llevó al discípulo a un río. Le ató las manos, le metió la cabeza en el agua, y le mantuvo así un minuto, sin que pudiera respirar.

Cuando le dejó salir, le preguntó:

“¿Qué es lo que más deseabas cuando estabas bajo el agua?”

“AIRE”, contestó.

“Vuelve cuando desees conocer la verdad con la misma intensidad que deseabas tomar aire.”

El discípulo dio media vuelta y regresó a casa.

Y es que la verdad escuece. Duele. Supone dejar atrás algo familiar.

Eso sí, la verdad es la antesala de la paz mental.

A veces en consulta observo cómo hay personas que no están preparadas para ver.

Están preparándose.

No es mi misión forzar. Quizás lanzar ciertas preguntas que le hagan reflexionar.

El otro día tuve una conversación con mi hermano donde me mostró varias partes de mi sombra.

Empezó escociendo.

Le pedí que siguiera.

Me abrí a escuchar, a fondo.

Y tras unos momentos de oscuridad, se hizo la luz.

Un pasito más en esto de crecer, y acercarnos (con suavidad y compasión) a nuestra Verdad.

Un abrazo,

– Rocío

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