Cuando uno deja de mirar hacia otro lado y por fin puede ver

Esta es la historia de un hombre que en ocasiones, muchas ocasiones, se sentía ansioso.

No le gustaba poner límites, decir no, pedir lo que necesitaba… 

Imaginaba la ansiedad que eso le supondría.

Por lo que prefería callar, adaptarse y tragar. 

Aunque eso tampoco le gustaba. 

Le agotaba. 

Y se sentía ansioso, al estar haciendo lo que no quería estar haciendo. 

Tenso internamente, perdido en el pensar… 

Pero el miedo al conflicto, al rechazo, era mayor que el miedo a agotarse. 

Entonces comenzó a tomar antidepresivos. 

Para poder seguir funcionando como había estado funcionando. Para sobrevivir. 

Afortunadamente, algo cambió. 

Seguía sin poner límites, decir no, pedir lo que necesitaba… 

Pero por lo menos ya no le daba ansiedad estar haciendo lo que no quería estar haciendo. 

Así que siguió su día a día. Por lo menos ya no sentía ansiedad.

Hasta que un día, tuvo que dejar la medicación. 

Duro golpe. 

Tocó fondo. 

Esta vez empezó a sentirse irritable. Muy enfadado. 

Por lo que un día, no pudo más, y puso un límite a su mujer, que le atosigaba con exigencias. 

Ésta respondió:

“¡No lo sabía! ¡No sabía que te molestara eso! Perdona. A partir de ahora voy a tratar de cambiarlo, gracias por decírmelo, no me daba cuenta”. 

De repente nuestro amigo despertó. 

La ansiedad, el enfado, la sensación constante de miedo y tensión se esfumaron. 

Había descubierto lo que la tensión crónica llevaba tanto tiempo comunicándole. 

Se sintió más vivo, conectado y fuerte que nunca. 

¡Di no, pon límites, cuídate, manifiéstate! 

No mires hacia otro lado y observa de qué se alimenta la tensión. 

Un abrazo,

– Rocío

Entra en nuestros sistemas para conocer el método.