Cuando llegan pensamientos de velocidad cero

Hablando del desgraciado accidente de Kobe Bryant en helicóptero, mi padre contaba una anécdota curiosa que nos recuerda cómo funciona la mente.

La primera vez que voló en helicóptero de copiloto, se llevó un susto. 

Como piloto de avión, tenía totalmente interiorizada, registrada, grabada a fuego, una señal clara de que todo estaba bajo control. 

El anemómetro, o indicador de velocidad aerodinámica, siempre debía marcar tantos nudos. 

Es una obsesión para ellos que ese indicador marque con la flecha el número adecuado, ya que si no, significa que el avión está en pérdida. 

Pero un helicóptero puede quedarse estático, a velocidad cero, sin riesgo alguno. 

Acostumbrado al avión, al ver el cero, su corazón se aceleró en cuestión de segundos.

Para su cerebro eso significaba accidente mortal. 

Sólo tuvo que dar un segundo vistazo para recordar que era únicamente un pensamiento equivocado. 

Una interpretación errónea. 

Recordamos la importancia de los segundos vistazos. 

Ya que el cerebro responde de forma automática, haciendo una rápida interpretación basada en asociaciones aprendidas, podemos dar ese segundo vistazo para calmar y reajustar esa reacción. 

Lo mismo me pasó ayer cuando al despertarme en mitad de la noche vi a un ladrón enfrente de mi cama. 

En milésimas de segundos, mi corazón se aceleró, mi estómago se contrajo y mi respiración cambió.

En un segundo vistazo, reconocí que era un vestido colgado de una percha. 

No necesité frases positivas, respirar más despacio o leer un manual de autoayuda. 

El simple hecho de reconocer lo que era, trajo consigo la calma. 

De ahí la importancia de comprender a fondo los pensamientos, y de lo que están hechos. 

Pueden impresionarnos por momentos, hasta que reconocemos lo que son. 

En nuestros sistemas de explicamos a fondo cómo funciona esto, a través de experimentos y comprensiones. 

Un abrazo,

– Rocío

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